La pintura “Proteínas para mi propósito” de Mario Pavez es una gran alegoría barroca sobre la fragilidad humana, el deseo, la muerte y el exceso vital. La obra mezcla referencias clásicas de la pintura flamenca y renacentista con elementos actuales, creando una escena teatral y cargada de sensualidad e ironía.
En el centro aparece un hombre tumbado que recuerda al Cristo muerto de Andrea Mantegna, aunque reinterpretado de manera contemporánea: no es una figura religiosa, sino un cuerpo vulnerable y cotidiano. A su alrededor se desarrolla una especie de ritual ambiguo donde conviven erotismo, violencia y celebración.
Diversos personajes femeninos manipulan cuchillos y carne, fusionando sensualidad y crudeza física. El primer plano está dominado por un exuberante bodegón de carnes, frutas, flores y aves vivas que remite a la tradición barroca flamenca, especialmente a pintores como Frans Snyders. Las flores silvestres aportan una nota melancólica y efímera dentro de la abundancia visual.
La composición mezcla continuamente elementos clásicos y contemporáneos: personajes que beben cerveza o cava conviven con referencias religiosas y barrocas, mientras algunas figuras miran directamente al espectador, integrándolo en la escena. El cielo luminoso del fondo equilibra la intensidad carnal del primer plano y refuerza la idea de que vida y muerte forman parte de una misma experiencia humana.
Esta obra de Mario Pavez actualiza el lenguaje del Barroco para reflexionar sobre el cuerpo, el deseo, la vulnerabilidad y la condición humana contemporánea.